Rojo, que es el de todos los días
Es el modo por defecto y con el que se empieza. Deja la luz roja fija los cinco minutos y sube por la mandíbula y el cuello sin parar en ningún punto. Si solo vas a aprenderte un modo, aprende este.
Un dispositivo de belleza solo funciona si se usa, y solo se usa si encaja en el día que ya tienes. Esta página no vuelve a explicarte el producto: te dice cuándo cogerlo, qué botón pulsar según el día que lleves y por dónde pasar.
Tres colores de luz y cuatro tecnologías dan para muchas combinaciones, y ahí es donde la gente se atasca y acaba dejando el dispositivo en el cajón. Elige lo que más te suene y te decimos qué poner.
Es el modo por defecto y con el que se empieza. Deja la luz roja fija los cinco minutos y sube por la mandíbula y el cuello sin parar en ningún punto. Si solo vas a aprenderte un modo, aprende este.
El azul está indicado para pieles con tendencia a imperfecciones. No hace falta que lo pases por toda la cara: quédate en la zona concreta, un par de minutos, y termina el resto en rojo. Sobre grano abierto o piel irritada, no.
El violeta está indicado para pieles que se irritan con facilidad. Empieza con sesiones de dos o tres minutos, sin activar la microcorriente, y con crema de sobra. Si notas cualquier molestia, retíralo: no pasa nada por parar.
Este es el caso que ninguna mascarilla facial cubre. Dedica la mitad del tiempo al cuello, siempre de abajo hacia arriba, y la otra mitad a la mandíbula del centro hacia las orejas. Aquí sí conviene ser constante: es la zona que más agradece la repetición.
La micro-vibración de los ultrasonidos es la parte que se nota al momento. Trabaja de dentro hacia fuera —del centro de la cara hacia las orejas y de ahí bajando por el lateral del cuello— y termina antes de que te canse. Cinco minutos y a dormir.
VexaLift es un dispositivo de cuidado personal, no un producto sanitario.
No hace falta que hagas las tres. Elige la que puedas sostener y olvídate de las demás.
La sesión corta, para salir de casa con la cara despierta. Aquí manda la micro-vibración de los ultrasonidos, que es la que se nota al momento.
No hace falta nada nuevo: tu limpiador de siempre y la piel seca con toquecitos.
Un poco más de la que te pondrías normalmente. La piel tiene que quedar resbaladiza para que la placa deslice.
Del cuello a la barbilla y de la barbilla a las orejas. Sin apretar y sin pararte en ningún punto.
La crema que quede la extiendes con los dedos. El protector, siempre después.
La sesión buena. Es la que hay que proteger si solo vas a hacer una al día: la piel no tiene prisa, tú tampoco, y no hay maquillaje ni sol de por medio.
Sobre restos de maquillaje la placa no desliza y la microcorriente no conduce como debe.
Este es el momento del «ion import»: el dispositivo está pensado para acompañar la aplicación de tu cosmético.
De la base del cuello hacia la barbilla, siempre hacia arriba. Es la zona que más se olvida y la que menos cubre una mascarilla.
Del centro hacia las orejas, siguiendo el hueso. Repite el recorrido varias veces en lugar de insistir en un punto.
Lo que quede se absorbe. Si te has puesto crema de noche, ya está puesta.
La versión que salva la racha. Dos minutos hechos valen infinitamente más que cinco minutos que no haces: lo que da resultado aquí es la repetición, no la duración.
El cuello, si te preocupa el óvalo. La mandíbula, si lo que quieres es descargar tensión.
Sin pensar en modos ni en combinaciones. Enciende, rojo, y a deslizar.
Y mañana otra vez. Prefiere siete sesiones de dos minutos a dos sesiones de siete.
Si solo vas a hacer una sesión al día, que sea la de la noche.
El orden importa más de lo que parece: siempre de abajo hacia arriba y del centro hacia fuera. Pulsa un tramo para verlo marcado en el esquema.
Cinco minutos repartidos en cuatro tramos.
Si un día solo te da para uno, que sea el primero: el cuello es la zona que ninguna mascarilla facial cubre bien.
Sin cifras inventadas ni porcentajes de laboratorio. Esto es lo que suele pasar cuando alguien empieza una rutina diaria de cinco minutos.
Un cosquilleo leve, la micro-vibración y la zona menos tensa al terminar. Nada más, y está bien que así sea. Lo único que hay que conseguir esta semana es no saltarse ningún día.
El objetivo: 7 de 7Ya no piensas en el orden ni en qué botón pulsar: lo haces mientras te das la crema. Este es el momento en el que la mayoría lo abandona, y también en el que empieza a tener sentido.
El hábito, hechoCon la misma luz y el mismo ángulo que el primer día. Los cambios de aspecto son graduales y el espejo de cada mañana no sirve para verlos: la foto sí.
Misma luz, mismo ánguloSigue siendo lo mismo: cinco minutos, crema y hacia arriba. Si un mes lo dejas, no pasa nada grave; simplemente vuelves. Esto no es un tratamiento con fecha de caducidad.
Sin recambios ni consumiblesLos cambios en el aspecto de la piel son graduales y varían de una persona a otra. VexaLift no es un producto sanitario.
Casi todos los problemas con este tipo de dispositivos vienen de las mismas cuatro o cinco cosas.
Si en algún momento el cosquilleo o la vibración te resultan molestos, retíralo de la piel. No tiene que doler.
Si te has quedado con ganas de saber por qué la luz roja y la azul no hacen lo mismo, la explicación está aquí.
Ver la explicación Paso 4 · DecidirFicha técnica completa, qué viene en la caja, acabados disponibles y todas las preguntas resueltas.
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